Cuando mis dedos se detienen después de haber estado horas tecleando, mi cabeza se alza y un suspiro sale de mi boca: ¿cuán desgraciada mi vida es que no tengo nada más que hacer que escribir mi mierda en un aparato inerte?
A veces llegamos a puntos en los que nuestra paciencia se agota y nos hartamos de todo. Un punto en que tu vida llega al extremo de la desgracia y que te invita a quererte dormir y no despertar.
Nos hartamos de advertir sobre la fragilidad de nuestras vidas y aun así los demás seres desgraciados que te rodean le dan un golpe a las finas capas que mantienen sus estructuras en pie. Blah, al fin y al cabo siguen siendo seres desgraciados: nunca aprenderán.
Siempre nos acabamos contradiciendo: en realidad no somos indiferentes frente a esos seres desgraciados. Al contrario, nos importan demasiado porque nos preocupamos por nosotros mismos y por algo a lo que le damos mucha importancia y que personalmente creo que hacemos bien de darle tanta: el amor. Supongo que ya imaginabais que lo diría.
Hay algo que me ha pasado por la cabeza: ¿realmente la humanidad morirá por el cambio climático o lo hará mucho antes refiriéndonos a la mierdosa sociedad en la que estamos y a nuestras mentes perversas que cada vez evolucionan más estúpidamente? Sinceramente creo que vamos demasiado mal como para desvanecer en el futuro Apocalipsis. Creo que acabaremos muriendo a hostia limpia y seguro que alguien piensa lo mismo que yo. Por lo menos una persona.
Y mi vida se hace cada vez más y más mierdosa. Creedme, tengo muchas razones ahora mismo.
Todo se va al infierno, parece que lo único que te queda por hacer es preguntarte qué haces aún en la Tierra si tu utilidad ya ha acabado, aunque todos sabemos que no. Oh, bendita esperanza que me ayudas a seguir en pie…
Y los días felices parecen estar tan lejos… Todos se fueron exiliados por esta desgracia indignante que me impregna y me infecta. Sigo preguntándome cuándo se irá.
Veo en mi imaginación como si una manada de lobos se hubiera lanzado encima de mí, lamiéndose los labios y dejando solo los huesos y el corazón aún palpitando. Ellos equivalen a los humanos inútiles que me han jodido la vida. Sí, les deseo la muerte y me paso por donde ya sabéis las frases tipo “no se desea la muerte a nadie” o la típica frase de la profesora de filosofía “no estamos en la edad de piedra para mostrar semejante venganza”. Blah, mierdas. El mundo no es nada sin venganza y rencor. A la mierda el mundo feliz, a la mierda esta jodida utopía que no se cumplió ni se cumplirá nunca. ¡Nunca! Estamos destinados a vivir entre mierda toda nuestra vida. Y los futuros engendros que pisarán la faz de la Tierra también.
En fin… Muchos debéis pensar que mis textos son todos pesimistas, incluso alguien me lo ha dicho. Pues quiero deciros que si no os gusta no lo leáis ya que no me gusta que la gente rechace mi realidad psíquicamente. Si no estáis de acuerdo iros a tomar un helado, o a comprar pipas, o a haceros un tatuaje en el culo que ponga “I love New York”, lo que queráis, pero justamente aquí sobráis.
Y a los que leéis, pensáis, afirmáis y seguís leyendo, gracias por compartir mis mismísimos pensamientos de misantropía y como dirían otros “pesimismo”.
Ya va siendo hora de ver el mundo como es, y no como os gustaría que fuera.
Y por último, quiero agradecer al dolor lo mucho que hace por nosotros y lo mucho que nos ayuda a reaccionar frente a tantas situaciones diversas. Sin él, todo va mal.
¡Por un mundo fatal!
Gracias, dolor… Por mutilar mi cuerpo (Dios bendiga el sufrimiento).